Placer/es/eres-fue, pero no seremos.

Placer/es/eres-fue, pero no seremos.

¿Por qué huyes? Le pregunte sin pronunciar ninguna palabra mientras él dormía a mi lado y yo contemplaba su sueño; quería saber qué evitaba, porque si de algo estaba segura es que ambos éramos fugitivos.

¿Sería que escapaba del amor? ¿O quizá del dolor que éste produce? No supe la respuesta pero estaba junto a él, tomando su mano que encajaba perfecto en la mía, enredando sus cabellos entre mis dedos, acariciando su cuerpo y contemplando cada rasgo, cada gesto y cada centímetro de su cuerpo. Nada disfrutaba más que amanecer aún embriagada de sus besos, aunque mareada así, debiera marcharme sin mencionar la danza que los cuerpos  desnudos interpretaron, uno sobre el otro, con el ritmo de los gemidos, de los suspiros, del deseo impronunciable pero sí manifestado por las horas anteriores a los primeros rayos del sol.

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#Fueelestado

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Propondría que desollaran vivo y sacaran los ojos al presidente, que quemaran en vida a Osorio Chong, Murillo Karam, Ángel Aguirre, Abarca y su narco esposa, que así se exterminara con 43 políticos. Que fuésemos nosotros quienes no supieramos nada, no dijeramos nada, y sin sentir el menor remordimiento, declarásemos sus muertes. Quisiera que fueran ellos quienes tuvieran temor por sus vidas al asomarse ante el pueblo, que cada arma cargada por el ejército y los policías de este país fuera insuficiente ante 100 millones de mexicanos armados con el poder de la unión, la solidaridad, la justicia. Desearía que México no olvidara, que no se venda, que no se calle; que la verdad esté por delante de los manipulados medios de comunicación, que comprendamos que solo el pueblo luchará por el pueblo y nadie más que nosotros velaremos por el derecho a expresarnos, derecho a manifestarnos, derecho a exigir justicia y por el derecho a la vida.

Nosotros los muertos.

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Muertos nosotros que callamos, que andamos como sin sentimientos, que la sangre no nos hierve y no reaccionamos ante el sufrimiento.
Muertos por fuera y por dentro, ya no vemos, no decimos, no escuchamos, no temblamos, sólo tememos que la vida en un momento nos aniquile por completo.
Muertos bien muertos, como nos quisieron de hace tiempo, ignorando realidades, distantes de nuestros semejantes, evitando confrontar a quienes justicia prometieron.

Hay tumbas por todos lados, con nuestros nombres ya escritos; no comprendemos que el silencio nos mató de hace unos años y la condena es vivir la muerte de aquellos que en la lucha perdimos.

Yo elijo la locura.

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Entre la conciencia y la demencia, yo elijo la locura. La razón es más que clara: no hay razón.

Elijo enloquecer y perder el control de mis sentidos; estar de pie cuando todos descansen y correr cuando el mundo se haya detenido. La prefiero ante la conducta de una sociedad indispuesta a la movilización, decido creer en el pensamiento sin barreras por encima de la estática de lo limitado.

Escojo perderme entre los mares de palabras y figuras, sonidos, aromas y también estructuras, para romperlas y reconstruirlas a mi antojo, dudar de todo, hasta de lo que digo y entonces; quebrar de nuevo mi ser para comenzar una vez más a fabricar de lo que estoy hecho.

Me arriesgo a conocer todos los caminos del universo, soltarme a la vida como quien se sabe muerto, y abrazar la muerte para reconocer lo eterno.

Entre el espacio de un “Te quiero”

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Ella expresó todo el amor que sentía

y después, no volvió a pronunciar

una sola palabra.
El inquebrantable silencio

ahogó cada suspiro

y aminoró el ritmo de sus latidos.

-Estoy muriendo, yo lo sé-,

pensaba ella para sí, mientras dejaba ocurrir la vida

a cada paso que daba. -Estoy muriendo por dentro;

lo dice el frío de mi cuerpo que es interno,

y la falta de sus besos.

No estaba equivocada.

Su cuerpo andaba

pero ella estaba ya sin vida.

La ausencia del calor en su cuerpo

era sólo uno de los síntomas,

sus lágrimas brotaban, incontrolables,

secándola por dentro,

sus ojos viajaban perdidos de un lugar a otro

como quien no reconoce su entorno

y su rostro había dejado de expresar emoción alguna.

Estaba muriendo entre desaires y deseos,

entre ausencia y recuerdos,

entre lo blanco y lo negro;

entre el espacio de un “te quiero”.