Caminando sin camino (entre: éste no soy yo y el quién seré)

twDe deseos no se vive, mucho menos de placeres. Cuando se agota el alcohol que antes llenaba tu copa, se ve en el rostro la tristeza simulada por la débil sonrisa que dibujas, cubriendo el vacío que has dejado entrever cada que se pronuncia “salud” en tu nombre.

Quizá ha sido sólo percepción, pero parece que te sabes cansado de tu vida. La repetición infinita de la gente y los lugares, de las bromas, de las risas, las parejas y canciones. ¿Hasta cuándo? Te preguntas y respondes con la huida, fin de una época.

Has sido por tanto ese que no eres ni tú mismo, te has perdido entre el tú y ese otro que cada quien hemos querido ver. Ya no serás más aquel que nunca fue  el mismo pero tampoco cambio.

Los finales, son el difícil comenzar de ese algo que se ignora, pero son también un alivio merecido. El equipaje se va haciendo ligero cuando se dejan personas en ese andar que no se quiere atravesar de nuevo, basta una última fiesta, un último trago y hasta luego.

La incansable búsqueda del camino que nos corresponde se vislumbra imprecisa y borrosa, pero de nada se ha tenido mayor certeza que cuando se sabe uno mismo otra persona.

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Libres los sueños.

  

Hace unos días soñé que volaba, 

y cuando fui consciente de lo que estaba haciendo

(no la acción del vuelo, sino la acción del sueño), 

decidí pasar inadvertido el sobresalto

que produce el volar tan alto, 

cerrar los ojos, respirar hondo,

y continuar soñando.

3:19 am

IMG_1178.JPG Somos recuerdos rotos, memorias difuminadas con presentes lejanos que añoran días futuros. Somos lo que una vez deseamos pero no retuvimos, la espera de un momento, las palabras que no dijimos. Somos la sombra que caminó en sentido contrario a nuestro cuerpo, la falla de un sentimiento, el imborrable paso del tiempo. Somos lo que rechazamos, lo que aborrecemos, lo que añoramos y lo que desconocemos. Somos esencialmente pasado, lleno de presente confuso y futuro impreciso.