Un fin a fin de mes.

   No le dije lo que mi corazón sentía, tan sólo mencioné lo que de mi alma desbordaba. No obtuve respuesta, como de costumbre, y fue precisamente la costumbre de sus silencios la que interpreté de cien maneras, todas ellas equívocas.Lo cierto es, que lo quise locamente, intensamente, pero él prefería la pasividad de sus días, sin sorpresas, sin arrebatos, sin desenfreno; mi amor le fue ajeno hasta ese momento en que le dije adiós. No comprendió palabra alguna, como tampoco entendió mis sentimientos.

Se quedó con su mundo, en su mundo, siempre de él. Yo, yo estoy bajo esta lluvia de lágrimas esperando que venga a mi la calma y después el sol.

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Taza de té

tea

Se desvanece todo, lo bueno y lo malo; entre lágrimas saladas que buscan calmar las ansias, sanar heridas, curar el alma.

Desaparece todo, lo oscuro y lo claro; entre tu sombra que me acompaña, entre la luz de tu mirada.

Se borra todo, lo dulce y lo amargo; tu calor en mis brazos, el adiós de tus pasos.

Se esfuman tus besos y mis versos, se evaporan tus abrazos y todo cae a pedazos; se pierde el eco de tu voz en mis adentros y la promesa de un amor eterno. Se disipan las huellas de tus manos que recorrieron mi cuerpo, se disuelve el tiempo que congelamos con recuerdos.

Se diluye la miel que endulza la taza de té de esta mañana de otoño, insulsa, fría, infinita… sin ti.

Rompimiento. Fase I.

Otra vez hablé con él, no pude evitarlo, se siente raro. Los dos sabemos que aquel delgado hilo que nos unió, ahora son débiles hebras a punto de separarse por completo; y ahí estábamos, los dos, tratando con cariño las palabras que decimos sin decirnos “te amo”, sin dejar escapar un “te extraño” o susurrar tiernamente un “perdón”.

Creo que llegué al punto que creí imposible, ese donde dicen, las palabras no son suficientes. Mi costumbre por escribirlo todo, discutir, debatir y todo aquello donde gobierna la palabra no imaginó que hubiera un día en el que no encontrara una sola que le explicase que me duele tanto, muy, muy dentro, que hayamos dejado que se nos escapara del cuerpo todos los besos, el amor y el deseo. Entonces. hablamos de cualquier otra cosa, el clima, por ejemplo, le cuento que hace mucho calor por no decir que extraño su cuerpo o, que hace frío como un reproche de que no está conmigo.

Finalmente, como evitamos decir lo que en verdad queremos, nos despedimos rápido, con prisa para no dejar escapar el suspiro contenido donde se ahogan los sentimientos no expresados. “Cuídate”, una manera sutil de decir adiós sin pronunciarlo porque duele, pero ya no lo podemos evadir.

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