Caminando sin camino (entre: éste no soy yo y el quién seré)

twDe deseos no se vive, mucho menos de placeres. Cuando se agota el alcohol que antes llenaba tu copa, se ve en el rostro la tristeza simulada por la débil sonrisa que dibujas, cubriendo el vacío que has dejado entrever cada que se pronuncia “salud” en tu nombre.

Quizá ha sido sólo percepción, pero parece que te sabes cansado de tu vida. La repetición infinita de la gente y los lugares, de las bromas, de las risas, las parejas y canciones. ¿Hasta cuándo? Te preguntas y respondes con la huida, fin de una época.

Has sido por tanto ese que no eres ni tú mismo, te has perdido entre el tú y ese otro que cada quien hemos querido ver. Ya no serás más aquel que nunca fue  el mismo pero tampoco cambio.

Los finales, son el difícil comenzar de ese algo que se ignora, pero son también un alivio merecido. El equipaje se va haciendo ligero cuando se dejan personas en ese andar que no se quiere atravesar de nuevo, basta una última fiesta, un último trago y hasta luego.

La incansable búsqueda del camino que nos corresponde se vislumbra imprecisa y borrosa, pero de nada se ha tenido mayor certeza que cuando se sabe uno mismo otra persona.

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Nota a pie de página.

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Si usted me lo permite, lo llevaré conmigo al fin del mundo, más que como un amigo, más que un compañero, más que amante, aliado, cómplice o deseo; déjeme llevarlo como un recuerdo, que entre mis manos no se escape, que al exhalar no se disipe, que al abrir los ojos se quede dentro, que no se vaya nunca el sentimiento.

Si me lo permite yo no lo suelto, pero depende sólo de usted que no se acabe lo que hoy siento. Conviértase en mi recuerdo eterno, al que sin esfuerzo vuelvo, el que está presente en primavera o invierno, con el cual se me va el sueño, por el que morir un segundo suceda a cada momento si fuera de mi lo sospecho.

Vuélvase una y otra vez lo que añoro y conservo lejos y dentro de mi pecho; porque si usted no se hace mi recuerdo, yo no sé con quién llenaré de risas los ecos, vestiré de luna mi cuerpo y mojaré con lluvias las noches de encierro.