Nota a pie de página.

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Si usted me lo permite, lo llevaré conmigo al fin del mundo, más que como un amigo, más que un compañero, más que amante, aliado, cómplice o deseo; déjeme llevarlo como un recuerdo, que entre mis manos no se escape, que al exhalar no se disipe, que al abrir los ojos se quede dentro, que no se vaya nunca el sentimiento.

Si me lo permite yo no lo suelto, pero depende sólo de usted que no se acabe lo que hoy siento. Conviértase en mi recuerdo eterno, al que sin esfuerzo vuelvo, el que está presente en primavera o invierno, con el cual se me va el sueño, por el que morir un segundo suceda a cada momento si fuera de mi lo sospecho.

Vuélvase una y otra vez lo que añoro y conservo lejos y dentro de mi pecho; porque si usted no se hace mi recuerdo, yo no sé con quién llenaré de risas los ecos, vestiré de luna mi cuerpo y mojaré con lluvias las noches de encierro.

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