Oscuro, casi negro.

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Entrada la noche, vi tu silueta cruzar mi habitación y tuve la sensación de tu cuerpo recostándose junto al mío, sentí tus manos recorrer mi cuerpo y el tierno beso en mi mejilla que por si solo dijo: te deseo; pero al voltear no estabas tú, ni tus manos, ni tus besos, ni tu silueta, ni tu cuerpo. Pareciera que somos sólo sombras de mundos alternos, creados para no olvidarnos, y alejados por no poder ser eternos.