Los últimos días…

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He vivido periodos de absoluta locura, incontrolables pero silenciosos. Hay batallas en mi cabeza que ni yo misma comprendo, luchan por gritar y expresarse, pero mi voz no es suficiente.

Lo he intentado todo ya y poco o nada ha funcionado; tomé de un vaso sorbos de luna cada noche para olvidar tus amores, me bañé con miel para endulzar amargas heridas y canté una canción sin letras para evitar que tu nombre apareciera.

Pero repito, poco o nada ha funcionado.

Entonces pienso en escribir, pero una idea salta a otra y de pronto a ti. No quiero continuar escribiendo. Abandono la pluma y mi cuaderno.

La música me parece un asunto triste o de falsa alegría, me hace pensar en los amores y desamores que devenían.

Poco o nada ha funcionado.

Pienso en el alcohol, pero caigo poco ahí, pues la resaca llegará y triste y sola en mi cama me desearé junto a ti. Fumar, por el contrario, me tranquiliza más; en veces te escapas un poco cuando exhalo el humo, como liberándote de mi, como liberándome de ti.

Los últimos días he vivido periodos de absoluta locura, incontrolables pero silenciosos. Hay batallas en mi cabeza que ni yo misma comprendo, luchan por gritar y expresarse, pero mi voz no es suficiente.

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Taza de té

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Se desvanece todo, lo bueno y lo malo; entre lágrimas saladas que buscan calmar las ansias, sanar heridas, curar el alma.

Desaparece todo, lo oscuro y lo claro; entre tu sombra que me acompaña, entre la luz de tu mirada.

Se borra todo, lo dulce y lo amargo; tu calor en mis brazos, el adiós de tus pasos.

Se esfuman tus besos y mis versos, se evaporan tus abrazos y todo cae a pedazos; se pierde el eco de tu voz en mis adentros y la promesa de un amor eterno. Se disipan las huellas de tus manos que recorrieron mi cuerpo, se disuelve el tiempo que congelamos con recuerdos.

Se diluye la miel que endulza la taza de té de esta mañana de otoño, insulsa, fría, infinita… sin ti.

Breves confesiones sin salir de cama.

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Que abrir los ojos no es despertar,

que todo inicio no siempre tiene final,

que con el corazón roto es imposible desayunar.

Que no hay un “por siempre” que sea para siempre,

que los abrazos se pierden a la distancia,

que los besos después de un tiempo borran su huella,

que el esperarte cuesta y olvidarte es respuesta.

Que no hay razón sin causa,

que mis palabras sobran y las tuyas faltan,

que de silencios rotos se rompe el alma

y que a mi cuerpo le falta el tuyo esta mañana.